Reconversión de las élites patronales en Antioquia: del proteccionismo a la globalización.

“Reconversión de las élites patronales en Antioquia: del proteccionismo a la globalización” es un capítulo del libro “Empresariado antioqueño y sociedad, 1940 – 2004: Influencia de las élites patronales de Antioquia en las políticas socioeconómicas colombianas” de Nicanor Restrepo Santamaría, el cual resulta interesante para conocer la posición de los altos dirigentes de Antioquia de cara al proceso de apertura económica que vivió el país.

El eje argumental del autor gira alrededor de los cambios económicos en las últimas décadas del Siglo XX en Colombia, que exigieron una transformación de las élites patronales antioqueñas, las cuales debieron hacer frente a la consolidación del mercado financiero mundial y su efecto sobre i) la participación accionaria en las empresas, ii) la apertura económica y las oportunidades de expansión comercial allende las fronteras nacionales y iii) las disputas gremiales y regionales que afianzaron un proceso de identidad cultural y económica alrededor del Grupo Empresarial Antioqueño.

De acuerdo con el autor, la reorientación hacia el mercado marcó un punto de inflexión en la forma como los empresarios antioqueños pensaban el mercado nacional y se pensaban a sí mismos dentro de la economía colombiana, lo que suscitó cambios estructurales en la organización administrativa y la estrategia de negocios de las empresas, esto con el fin de lograr una inserción eficiente al mercado bajo las nuevas pautas de la apertura económica.

Para destacar el siguiente extracto:

Las empresas que reconocieron las posibilidades de la apertura económica la calificaron como “un ambicioso programa de modernización de la economía colombiana […] por lo cual será necesario aumentar la eficiencia y la calidad de la producción de bienes y servicios en fin de poder competir con el mercado internacional”, o señalaron la inminencia de los cambios “en el contexto en que se desenvuelve la industria colombiana, que obligará a modificar la conducta de las empresas y la configuración de los mercados”.

El párrafo anterior recoge un punto de vista del proceso de apertura económica, en concreto, la perspectiva de aquellas empresas que vislumbraron la liberalización comercial más como una oportunidad que como algo inherentemente bueno o malo. Es evidente que existe una preocupación alrededor de la eficiencia de la actividad empresarial, ya que los años de proteccionismo habían impuesto fuertes barreras para la entrada al mercado de nuevos productores; esto, indudablemente, le había entregado a la industria nacional el monopolio comercial. Al caer las barreras la teoría económica indica que sobrevivirán las empresas eficientes, de esta manera se abre el interrogante para preguntarnos por los efectos sobre la eficiencia de la apertura y su impacto en las estructuras de mercado con el fin de conocer si se desplomaron los monopolios ineficientes o si estos simplemente cambiaron su composición accionaria.

Además, llama la atención que en la cita se recogen apartes textuales de un informe de 1990 de lo que en ese entonces era el Banco Industrial Colombiano que, en manos de empresarios antioqueños, más tarde pasaría a llamarse Bancolombia; marca bajo la cual se expandió por toda Colombia y con la cual hace presencia en varios países de Latinoamérica, al igual que sucedió con otras empresas del Grupo Empresarial Antioqueño. Pareciera, entonces, que aquellas empresas que leyeron la apertura desde una oportunidad para la inserción eficiente en el mercado fueron las grandes ganadoras del proceso de apertura de la economía.

Anuncios

Notas sobre educación y desarrollo económico

Pese a que en el trabajo de Adam Smith se puede rastrear el concepto de capital humano, este no supuso una preocupación para la economía (ni mucho menos la educación como uno de sus determinantes) sino hasta mediados de los años 50 del siglo XX. Sin profundizar aquí, Smith escribió en La riqueza de las naciones que el capital humano forma parte del capital fijo bajo estos términos:

[El capital fijo consta de…] cuarto, de las aptitudes adquiridas y útiles por todos los habitantes o miembros de la sociedad. La adquisición de dichos talentos, mediante el estudio y el aprendizaje […] viene a ser un capital fijo investido en su persona. (Smith, 1776, p.255)

El capital humano aparece aquí en términos de las destrezas de los trabajadores y, pese a que estas perteneces a la esfera privada, también forman parte de un acervo social que es aprovechado por la comunidad de individuos a la que se pertenezca.

Con la revolución industrial por detrás, la aparición de nuevas tecnologías y el advenimiento de la economía global los procesos de producción se vuelven más complejos y, por lo tanto, es necesaria una mano de obra especializada y tecnificada. De esta manera, la mano de obra (tecnificada) se convierte en un factor definitivo para la producción nacional, esto motivó a que la academia dirigiera su mirada hacia los problemas de desarrollo de los recursos humanos, ya que, hasta ese momento, la atención sobre los factores productivos se había centrado únicamente en el trabajo y el capital en términos absolutos y no con base a su “calidad”.

Los primeros trabajos que se realizaron sobre educación y desarrollo económico buscaban correlaciones entre el grado de escolaridad o el número de matriculados en un país con medidas ortodoxas del desarrollo, como por ejemplo, el consumo de energía o el PIB. En muchos trabajos como los de Svennilson, Edding, y Elvi (1962) y McClelland (1966) se encontraron relaciones positivas lo que animó aún más al entorno académico para que profundizara las investigaciones en este campo.

Si la relación entre educación y desarrollo económico surgió a partir de su vinculación con la mano de obra, en la actualidad esto se ha ampliado y se reconoce, por ejemplo, la importancia dentro del cambio tecnológico. Lo que ha sucedido es que el estudio de la educación, como determinante del desarrollo económico, pareciera que ha necesitado primero de desarrollos académicos en otras áreas, este es precisamente el caso de la transición tecnológica.

Anteriormente, el cambio tecnológico era mirado como un residuo (de hecho, el denominado “residuo de Solow” es evidencia de ello), se debió esperar casi hasta finales de los 70’s del siglo XX para que la ortodoxia económica empezara a aceptar el cambio tecnológico como un proceso inherente y de impacto estructural en el desarrollo. Con esto planteado la conexión entre educación y desarrollo económico discurrió por nuevas vertientes. En la actualidad, la cuestión acerca de la relación entre capital humano y desarrollo económico no pasa simplemente por la escolarización de la población, sino que involucra, como lo ha señalado la CEPAL (2009), la infraestructura científica, un entorno desarrollado de investigación y una relación estrecha entre el sector privado y los centros de investigación.

Bajo estas lógicas, los gobiernos a menudo entienden que la formación del capital humano puede traer réditos económicos a futuro, es por ello que una parte de los presupuestos nacionales se destina a financiar la educación pública con el fin de que se produzcan hallazgos científicos que puedan ser patentados y, con ello, se cree un mercado que les permita vender tecnología para impulsar la creación de empleos y aumentar la productividad y la riqueza nacional.

Trabajos citados.

¿El hombre es dueño de su propio destino?

Sin lugar a dudas, han existido planteamientos sugestivos alrededor de la posibilidad de una construcción del destino, dentro de los cuales se deben resaltar las propuestas de la economía política inglesa del siglo XVIII, en especial Adam Smith, en cuya obra sustancialmente se puede encontrar la importancia del trabajo como una forma de liberación del hombre y un medio para la construcción del paraíso terrenal. En ese sentido, el hombre claramente tiene la posibilidad de gestionarse a sí mismo.

En la actualidad, múltiples enfoques validan la noción de que los individuos pueden modificar sus conductas mediante procesos de aprendizaje. La manera como se cambian los hábitos partiría del ejercicio de razonar y, posteriormente, de plantear estrategias de cara al medio en que se encuentra. Los cambios en el comportamiento de la población han sido estudiados, por ejemplo, desde la salud pública. El profesor McAlister (1991) ha tratado la importancia de la modificación de los hábitos para transformar los estilos de vida que atentan contra el bienestar; de acuerdo con él, a través de técnicas educativas y la interacción comunicativa (medios de comunicación) se pueden modelar las conductas. Pese a que este planteamiento parece provenir como algo externo al individuo (como producto de políticas públicas) también se puede pensar como un proceso endógeno en la medida en que los patrones culturales (modelos educativos) y la interacción con otras personas ayudan a redefinir los esquemas conductuales.

Sin embargo, la forma en como es presentada la afirmación de que el hombre es dueño de su propio destino parece limitarse (y ser propia)  del racionalismo cartesiano y, en ese sentido, reconoce al destino como fruto deliberado de la razón del hombre y no producto de la acción humana.

Se debe tener en cuenta que conforme discurre la evolución del discurso científico y de las diferentes teorías sociales, emergen postulados constructivistas que, desde una base meramente positivista, pretenden edificar un discurso alrededor de la capacidad del hombre para cambiar los modelos culturales. Esto no es más que una generalización de un pensamiento causal, cuyas relaciones solamente se pueden circunscribir a la esfera causa-efecto.

El meollo del asunto lo ha explicado lúcidamente el profesor Hayek (1970), al señalar que, en efecto, las conductas de los hombres no son generalizables como orden social, debido a que este último está soportado en regularidades de las cuales el individuo, en muchos casos, no es consciente y cuya formación ha pasado por un lento proceso de selección social. De esta manera, los modelos culturales no se pueden modificar solamente con la transformación individual de los hábitos y mucho menos como resultado de una acción racional deliberada.

Ya que esta selección social se hace en términos de la expansión eficiente y ordenada de la comunidad, los valores, reglas y costumbres transmitidas generacionalmente se refinarán a través de las experiencias que, sin embargo, no asegurarán la posibilidad de que la comunidad se traslade hacia un orden superior.

Si el hombre fuera capaz de rediseñar de manera consciente los modelos culturales, no existirían de manera evidentemente abrumadora las actuaciones en contra de, por ejemplo, la propiedad privada. Sin lugar a dudas, existen ciudadanos con un amplio discernimiento acerca de las bondades de proteger la propiedad, la palabra empeñada y toda la matriz de valores que les permiten a los individuos vivir bien dentro del ordenamiento social, pero esto no es así y, por el contrario, siguen persistiendo las acciones arbitrarias.

Trabajos citados.

Sabato y la modernidad

Soterradamente en “Hombres y engranajes” aparece una exposición de la modernidad desde lo histórico, ya que Sabato se sitúa a finales del siglo XV (el descubrimiento de América); desde los sociológico con el “universo abstracto” y lo que podría llamarse la disolución de la dicotomía espacio y tiempo; y culturalmente con la consolidación del racionalismo cartesiano. Para destacar las siguientes palabras acerca del universo abstracto:

“El dinero y la razón otorgaron el poder secular al hombre, no a pesar de la abstracción, sino gracias a ella. La idea de que el poder está unido a la fuerza física y a la materia es la creencia de las personas sin imaginación. Para ellos, una cachiporra es más eficaz que un logaritmo, un lingote de oro es más valioso que una letra de cambio. Pero la verdad es que el imperio del hombre se multiplicó desde el momento en que comenzó a reemplazar las cachiporras por logaritmos y los lingotes de oro por letras de cambio.

Una ley científica aumenta su dominio al abarcar más hechos, al generalizarse. Pero al generalizarse se hace más abstracta, porque lo concreto se pierde con lo particular. La teoría de Einstein es más poderosa que la de Newton, porque rige sobre un territorio más vasto, pero por eso mismo es más abstracta. Sobre el hallazgo de Newton todavía se pueden referir anécdotas con manzanas, aunque sean apócrifas; sobre el de Einstein, nada puede decir el pueblo, pues sus tensores y geodésicas ya están demasiado lejos de sus intuiciones concretas: apenas puede ocuparse del violín de su autor, o de su melena.

Lo mismo con la economía: a medida que el capitalismo se desarrolla sus instrumentos se hacen más pujantes, pero más abstractos: la potencia de un bolsista que especula con un cereal que jamás ha visto es infinitamente más grande que la del campesino que lo cosechó

No debe sorprendernos que el capitalismo esté vinculado con la abstracción, porque no nace de la industria, sino del comercio; no del artesano, que es rutinario, realista y estático, sino del mercader aventurero, que es imaginativo y dinámico. La industria produce cosas concretas, pero el comercio intercambia esas cosas, y el intercambio tiene siempre en germen la abstracción, ya que es una especie de ejercicio metafórico que tiende a la identificación de entes distintos mediante el despojo de sus atributos concretos. El hombre que cambia una oveja por un saco de harina realiza un ejercicio sumamente abstracto; no importa que las necesidades físicas que lo llevan a ejercer ese intercambio sean concretas —como el hambre, la sed o la necesidad de procrear—; lo decisivo es que ese intercambio sólo es posible merced a un acto de abstracción, a una especie de igualación matemática entre una oveja y un saco de harina; y ambos objetos se intercambian, no a pesar de sus diferencias, sino a causa de ellas.

Los logaritmos, en fin, terminan por imponerse sobre la cachiporra, lo abstracto concluye por dominar lo concreto. No fueron las máquinas quienes desencadenaron el poder capitalista, sino el capitalismo financiero quien sometió la industria a su poderío.”

El progreso acorralado

En el curso de Desarrollo Económico hemos reflexionado acerca del capitulo “El progreso acorralado”, el cual forma parte del libro “Historia de la idea de progreso” de Robert Nisbet. En este pasaje el autor enuncia algunas premisas fundamentales para la idea del progreso que, según su opinión, están cayendo en el descrédito y, con ello, han llevado a un “abandono de la confianza en el progreso”. En un primer lugar, se expone, bajo la sección “Los primeros profetas”, un recuento de las posturas de diferentes académicos que tuvieron una perspectiva lúgubre sobre el progreso. Se menciona a Tocqueville y su visión en la que las diversas áreas de conocimiento decaían; se debe destacar a Schopenhauer sobre el problema de centralizar la voluntad para mejorar las sociedades; a Nietzsche y la idea de que el progreso era una idea falsa y Max Weber sobre la burocratización de lo humano a medida que se avanza en la institucionalización.

En la segunda sección, “Renegar del pasado”, Nisbet llama la atención sobre el desprestigio que se siente por la historia. Se alude a la manera en como, a lo largo de la humanidad, diversos pensadores se han soportado en el pasado o en autores del pasado como es el caso de San Agustín, Comte y hasta Marx. Sin embargo, la actitud actual es el rechazo, hecho patente, por ejemplo, en la ausencia de una materia sobre historia en las instituciones educativas e incluso en que sea vista como un tema de distracción. Para explicar el motivo de esta situación se recoge el planteamiento hecho por Hoffman que, según su criterio, se debe a dos cosas: la velocidad, cada vez creciente, con la que se producen los cambios a nivel social y, por otro lado, una representación social de la historia que la relega a los oficios del coleccionista de antigüedades.

La tercera sección se titula “El desplazamiento de occidente”, aquí se ha referencia a la pérdida del papel hegemónico que han experimentado los países occidentales, especialmente, durante el tercer cuarto del siglo XX. Con el surgimiento de nuevos países potencias alrededor del globo, el respeto cultural por Europa y Estados Unidos se ha ido perdiendo. Pero, además, se resalta también la pérdida de la fe en su propia civilización por parte de los occidentales, quienes ahora desconfían de su institucionalidad.

En la cuarta sección, “El ataque contra el crecimiento económico”, se vincula el progreso, con la idea de que un camino para este es mediante el crecimiento económico. No obstante, se ha convertido en una tendencia el advertir la degradación ambiental que tendría como origen los procesos de industrialización llevados a cabo por los países más ricos y desarrollados (que serían los de occidente), pero no solamente se pone en consideración el surgimiento de movimientos ecologistas, sino también la aparición de actitudes, como el hedonismo, que menoscabarían el soporte moral que ha dado vida al sistema capitalista.

La quinta sección, “La degradación del saber”, trata acerca del descrédito en el que han caído los pensadores y, en especial, el mundo científico, el cual se percibe como parte de una élite institucional de la cual hay que desconfiar, además se discute el problema sobre el eventual estancamiento del conocimiento y la dificultad sobre hacia dónde dirigir la investigación y si esta en realidad vale la pena.

La última sección del capítulo es llamada “El sudario del tedio”, el argumento principal es que la gente está aburrida, así sencillamente, hay una sensación de hartazgo respecto al mundo, la sociedad y sus instituciones. El problema es que esto favorecería la aparición de actitudes inversas al progreso, para lo cual se cita a Tocqueville quien advierte sobre consecuencias como: la pérdida de la diversidad cultural, la inhibición del proceso creativo y la posible aparición de despotismos.

Los comentarios sobre el texto los puedo situar en lo siguientes puntos: el autor menciona una erosión de la fe en las instituciones occidentales, es pertinente hablar de qué manera podría estar cambiando la episteme moderna, como lo llamaría Foucault. En ese sentido, se debería hacer mención a la segunda dimensión del estatus epistemológico que alberga a la economía, biología y lingüística; el siglo XXI ha estado atravesado por críticas a estas: en 2008, con el estallido de la crisis económica del atlántico norte, alrededor del mundo emergieron movimientos con posturas heterodoxas que invitaban a repensar la disciplina. Por otro lado, el mismo autor recoge lo dicho por Stent sobre los problemas de la biología, al sugerir que “en la biología molecular hemos llegado a un punto en el que el único problema que queda por explorar es “la paradoja mente materia””. Finalmente, aunque la filología no se menciona, quisiera advertir sobre el Premio Nobel de Literatura de 2016, el cual fue otorgado al músico Bob Dylan, con lo que es evidente el planteamiento de una ruptura en el discurso de la literatura y en su representación social, al reconocer implícitamente que esta va allende las palabras e incluye otros lenguajes (como el musical) que no necesariamente pasan por los campos de la filología.

En la misma línea, un aparte interesante de la lectura es el siguiente: “Stent es un hombre de amplia erudición, y argumenta de forma elocuente que en la actualidad la literatura, la música, la pintura, etcétera, están sumidas en una tendencia declinante.” No hay motivo para sugerir tal cosa ya que el arte en su manifestación amplia se debería juzgar en la medida en que pueda recoger una visión de mundo, no hay forma como lo diría Sabato en “Hombres y Engranajes” de decir que los jeroglíficos egipcios sean grotescos al lado del arte renacentista, ya que simplemente los dos obedecen a diferentes formas de plasmar una cosmovisión particular. La idea es que no se puede medir el progreso a través del arte.

Finalmente, sería importante poner en consideración los acontecimientos actuales a la luz de lo trabajado por Nisbet, por ejemplo, las elecciones en Estados Unidos. Si bien pareciera que el discurso de Trump obedece al despotismo señalado como posible consecuencia del languidecimiento de la idea de progreso, se debe recordar que el actual presidente de Estados Unidos subió al poder a través de un discurso que, por ejemplo, negaba el calentamiento global (iría en contra del ataque al crecimiento económico) y se aferraba con aprecio al pasado.